La inducción del trabajo de parto consiste en desencadenar los fenómenos fisiológicos del mismo después de las 20 semanas de gestación, para reproducir lo más fielmente posible el parto normal y espontáneo, estimulando artificialmente las contracciones uterinas que conducen al borramiento y dilatación del cuello uterino, y al nacimiento.
Tiene como propósito fundamental la disminución de los riesgos maternos y fetales que supone la continuación del embarazo.
Referencia: HOFFMAN, Bárbara., et al. (2011). Williams Obstetricia 23º edición. McGrawHill.
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